65 colaboraciones | legislación “La regulación cosmética no evoluciona únicamente en función de la clasificación como CMR, sino también por decisiones sectoriales, políticas de gestión del riesgo y garantías de uso seguro de los productos cosméticos” Ómnibus que SÍ adaptan CLP Estos son los Ómnibus más habituales del sector cosmético y los que tienen un impacto más estructurado. Su función es trasladar las nuevas clasificaciones CMR del CLP al Reglamento cosmético. Su lógica es clara: • Si una sustancia es clasificada como CMR y no existe interés o evidencia para defenderla, pasa directamente a Anexo II de sustancias prohibidas. • Si la industria presenta una defensa para este ingrediente clasificado, pero esta no es suficiente, también pasa a Anexo II de sustancias prohibidas. • Si la industria presenta una defensa sobre la sustancia y ésta cumple con los requisitos descritos en el artículo 15 del Reglamento cosmético, se incluirá en Anexo III, IV, V o VI, según su función específica y condiciones de seguridad. Una característica especialmente relevante para la industria es que estos Ómnibus que adaptan CLP entran en aplicación sin períodos transitorios, coincidiendo con la fecha de aplicación del Reglamento ATP correspondiente. Esto puede dejar a las empresas con plazos muy limitados para reformular, actualizar la información toxicológica de los productos, modificar etiquetados o incluso ajustar los almacenes. Conclusión Los Reglamentos Ómnibus son una pieza clave para mantener actualizado el marco regulatorio cosmético frente a la evidencia científica y las decisiones toxicológicas adoptadas en el ámbito del Reglamento CLP. Para las empresas, su importancia no es únicamente normativa: impactan directamente en la planificación de formulación, gestión de inventarios, evaluación de proveedores, estrategia comercial y políticas de innovación. Por ello, la mejor herramienta para gestionar este entorno es la anticipación: monitorizar propuestas de clasificación, seguir los trabajos del SCCS, revisar borradores regulatorios y mantener un diálogo técnico fluido entre departamentos internos. Para garantizar siempre la seguridad del consumidor la regulación evoluciona, y con ella debe evolucionar también la manera en que entendemos y gestionamos el riesgo en cosmética.
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