40 colaboraciones | tendencias La textura adquiere tanta relevancia como el tono. Se imponen fórmulas que permiten trabajar el producto tanto con brocha como con los dedos, favoreciendo acabados personalizados y adaptados a cada tipo de piel. 4. Acabados clave de la temporada Más allá de la paleta cromática, primavera/verano 2026 se define también por una serie de acabados que marcan la estética del maquillaje. Glow saludable La iluminación se integra en el rostro de forma global, no puntual. El brillo se funde con la base y con el cuidado previo de la piel, dando lugar a pieles visualmente saludables y a un acabado muy favorecedor. Se buscan rostros luminosos que transmitan hidratación, frescura y bienestar. Texturas híbridas Las fórmulas evolucionan hacia productos versátiles y transformables. Cremas que se convierten en polvo al contacto con la piel, geles que se fijan sin resecar y texturas que permiten modular la intensidad del color. Se busca comodidad en la aplicación sin renunciar a resultados trabajados y profesionales. Difuminado estratégico Los contornos se suavizan y las transiciones entre tonos se vuelven casi invisibles. Esta tendencia representa la evolución del makeup no makeup, en el que todos los productos se integran entre sí y contribuyen al resultado final sin que ninguno domine visualmente sobre el resto. 5. ¿Qué implica esto para el desarrollo de producto? Aunque el foco esté en el maquillaje, el desafío técnico que acompaña a estas tendencias es evidente. Se buscan pigmentos más finos que permitan acabados translúcidos y modulables. También se exige una mayor estabilidad en fórmulas cremosas, que no desaparezcan ni pierdan intensidad con el paso de las horas y que sean capaces de aportar un acabado velvet a la piel sin marcar textura. La compatibilidad entre activos y colorantes cobra también especial relevancia, evitando oxidaciones o modificaciones de tono y textura a lo largo del día. A esto se suma la necesidad de que el color mantenga su rendimiento bajo distintas condiciones de iluminación, tanto en luz natural como en entornos digitales o fotográficos. El consumidor actual observa la piel en alta definición, tanto en la vida cotidiana como a través de cámaras y pantallas. El maquillaje debe responder a esa exigencia con precisión y fiabilidad. Conclusión Primavera/verano 2026 no propone una revolución estridente, sino una evolución refinada del lenguaje del maquillaje. El color se vuelve más emocional, pero también más técnico. Se trabaja en transparencias, en intensidad modulable y en armonía con la piel real. Para los profesionales del sector, el reto no es solo lanzar el tono adecuado, sino formularlo con la precisión que exige un consumidor cada vez más informado y exigente. Porque en 2026 el maquillaje no se limita a verse bien: debe sentirse bien, integrarse con la piel y funcionar con la misma eficacia bajo cualquier luz. “Se exige una mayor estabilidad en fórmulas cremosas, que no desaparezcan ni pierdan intensidad con el paso de las horas”
RkJQdWJsaXNoZXIy Njg1MjYx