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¿Por qué las marcas están creando experiencias más allá de la pantalla?

Por Nelson Dieguez, publicista y especialista en branding con más de 13 años de experiencia, consultor y profesor universitario.

La sociedad está digitalmente saturada. Es por este motivo que muchas marcas ya han entendido que no basta con impactar en Instagram, LinkedIn o TikTok: ahora necesitan crear experiencias físicas que conecten con sus audiencias en el mundo real. Este cambio responde a una necesidad evidente: tangibilizar y humanizar las marcas. Mientras el branding construye significado, las experiencias físicas son la herramienta para generar recuerdos inolvidables.

Durante años, muchas marcas han confiado casi exclusivamente en lo digital para crecer. Más contenido, más impactos y presencia 24/7. Pero cada vez tengo más claro que ese modelo está llegando a su límite. Vivimos en un momento de saturación digital. El alcance ya no garantiza conexión y la visibilidad no siempre se traduce en recuerdo.

Por eso, muchas marcas empiezan a salir de la pantalla para volver a conectar en el mundo físico. No se trata de abandonar lo digital, sino de complementarlo con experiencias inmersivas y físicas que permitan tangibilizar la marca, hacerla más humana, vivirla: espacios inmersivos, pop-ups, eventos, activaciones y momentos pensados para que el público experimente la marca en todos los sentidos.

Aquí es donde el branding demuestra su verdadero valor. Aunque muchos piensen que el branding solo tenga que ver con el visual, es estrategia y significado porque define la identidad de la marca, sus valores y la forma en que desea ser percibida. Y las experiencias físicas permiten que estos aspectos dejen de ser abstractos y se conviertan en algo concreto, tangible y memorable.

Perfumería y cosmética: firmas que lo han puesto en práctica

En este contexto, sectores como la perfumería y la cosmética lo han entendido muy bien. Están creando espacios pensados para quedarse, momentos que invitan a explorar sin presión comercial y activaciones que priorizan el vínculo antes que la conversión.

Byredo lo entendió hace tiempo. Para ellos, vender un perfume no va de enumerar notas olfativas, sino de crear universos. Cada colección cuenta una historia, con su propio universo creativo. Sus tiendas funcionan más como galerías que como perfumerías: ambiente tranquilo, minimalista, materias nobles y espacios que invitan a probar sin presión. No empujan el producto, dejan que la experiencia hable por la marca.

Rhode, la marca de Hailey Bieber, es para mí uno de los mejores ejemplos. Favorita de la Gen Z, nació en digital, pero ha sabido dar el salto al físico con activaciones y experiencias espectaculares (¡y copiadas por otras marcas!). Sus pop-ups no buscan “vender”, sino crear comunidad y hacer tangible su universo de marca. Espacios pensados para probar, tocar y compartir. 

Es una forma muy inteligente de reforzar percepción y posicionamiento y, encima, conseguir que se comparta de forma orgánica.

Le Labo llevó esta idea un paso más allá convirtiendo el acto de preparar un perfume en un ritual. Frascos etiquetados a mano, fecha, personalización con el nombre del cliente y producción en el momento. El espacio, el equipo y el proceso no son decorativos, son parte del producto, del universo y del relato de marca. La gente quiere formar parte del proceso y del ritual de la marca.

Glossier, por su parte, fue una de las pioneras de las marcas  nativas digitales, pero su crecimiento se consolidó cuando apostó por tiendas experienciales. Espacios instagrameables, pensados para quedarse, tocar, probar y compartir, más que para comprar rápido.

También lo he vivido de cerca con Myssue, una marca de haircare profesional. Han creado rituales para salones de belleza como parte central de cada línea. No se quedan en el beneficio funcional del producto (hidratación, reconstrucción, etc.). Ofrecen una pausa, activando los sentidos a través del tacto, la aromaterapia y el sonido, y construyendo momentos que van más allá de lo puramente técnico.

Dejar el “modo automático”
Lo que podemos concluir es que en un mundo donde todo se consume en modo automático, ganan las marcas que consiguen hacer sentir algo. Lo digital seguirá siendo clave para escalar y distribuir, pero el recuerdo se construirá cuando se experimente y se viva la marca. Las pop-ups, los rituales, las activaciones y los espacios inmersivos son herramientas muy potentes para convertir significado en memoria, y memoria en preferencia.
 
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Ventas de Perfumería y Cosmética nº506
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