Blanco surge del encuentro entre dos disciplinas creativas: la alta costura de Ze García y la maestría compositiva de Ramón Monegal en una fragancia que busca capturar el instante previo a la creación, ese momento de silencio en el taller donde todo empieza a definirse.
La propuesta traslada al lenguaje olfativo el simbolismo del “sí quiero”, entendido no solo como referencia nupcial, sino como una elección diaria. Según la marca, el perfume representa ese gesto cotidiano de decidir compartir, crecer y avanzar juntos.
Un relato olfativo inspirado en el origen y el compromiso
Desde el punto de vista olfativo, la composición se abre con hoja de higo, una nota verde y luminosa que evoca frescura y expectación. El corazón combina jazmín e iris, aportando textura floral empolvada y elegancia serena, alejándose de interpretaciones exuberantes para construir una sensación de intimidad y equilibrio. En el fondo, sándalo, cedro y ámbar aportan calidez y fijación, configurando una estela envolvente asociada a permanencia y sofisticación.
El conjunto dibuja una fragancia de carácter limpio, refinado y emocional.
Moda y perfumería: una estrategia de convergencia creativa
Con Blanco, ambas firmas refuerzan la tendencia de colaboración entre moda y perfumería como vía para generar propuestas con identidad propia. La fragancia traslada al perfume los valores del trabajo artesanal, el detalle y la autoría, elementos cada vez más relevantes para el consumidor de selectivo.
Alicia Medina, Sergi Renom y Julieta Padrós protagonizan la campaña de Blanco, fotografiada por Martín Gatti y dirigida por Andrés Schwerer.




