La fragancia combina notas dulces, florales y cálidas en un conjunto diseñado para generar una experiencia sensorial memorable, alineada con una de las campañas clave del calendario comercial.
Inspiración y posicionamiento
Honey Moon nace con la vocación de transmitir una idea de amor elegante y cercano, alejada de interpretaciones excesivamente intensas o empalagosas. “Queríamos crear una fragancia que hablara de amor sin ser empalagosa, elegante pero cercana. Honey Moon combina dulzura, flores y notas cálidas para que cada momento se convierta en un recuerdo olfativo inolvidable”, explica Toni Cabal.
Este planteamiento sitúa a la fragancia dentro de un posicionamiento versátil, adecuada tanto para el regalo en fechas señaladas como para su incorporación a la rutina diaria.
Pirámide olfativa
La composición de Honey Moon se articula en torno a una estructura floral gourmand almizclada, construida a partir de materias primas que aportan equilibrio entre dulzura, frescura y profundidad.
En las notas de salida, la fragancia se abre con Miel Blanca, ingrediente protagonista que aporta un dulzor natural, cremoso y luminoso, generando una sensación inmediata de confort. Esta nota se complementa con Corteza de Canela, que introduce un matiz especiado y envolvente, y con Bergamota Italiana, encargada de aportar frescura y vivacidad a la apertura.
El corazón está marcado por un acorde floral clásico reinterpretado desde una óptica contemporánea. La Rosa Turca aporta elegancia y sofisticación, mientras que el Jazmín Sambac introduce una faceta intensa, dulce y ligeramente exótica, reforzando la feminidad y la sensualidad de la composición sin perder equilibrio.
En las notas de fondo, el Patchouli Indonesio añade profundidad y estructura, aportando carácter a la fragancia, mientras que el Almizcle Floral envuelve la piel con una estela suave y persistente, favoreciendo una fijación prolongada y una evolución delicada a lo largo de las horas.




